Tales palabras me alegraron el día:
Nos vamos a Avilés.
Me eché a llorar, la ciudad de mi infancia, mis mejores amigos estaban allí. Les iba a ver, no me lo podía creer. Pensaba que era una broma. Resulta que no.
Fui feliz durante unos minutos, hasta que las cosas empezaron a ir mal...
Mis padres, como siempre, discutiendo. Pero esta vez no era una discusión como las de siempre, iba más allá de lo normal. Empecé a gritar para que parasen; no había forma alguna. Me encerré en el baño, me golpeé la cabeza contra la estantería, y me clavé un cortaúñas creo. Pero tampoco me hizo mucho daño. En el momento en que pensé que había acabado la discusión, salí fuera, mi madre estaba llorando, mi padre había roto el jarrón que compraron en Grecia en su luna de miel, y yo estaba traumatizada. Era la peor imagen que había visto de mi familia en mi vida. Corrí, y me escapé, pero antes de nada miré a ver si tenía las llaves, menos mal, ya había cerrado la puerta.
Me pasé todo el día sola por ahí fuera. Cuando volví, mis padres estaban preocupados, pero se habían reconciliado al haberme ido yo. Justo como lo había planeado.
Al final, el jarrón se pudo arreglar y al día siguiente marchábamos al norte.
Atrevesamos las montañas, y como hago siempre al ver esas nubes cargadas de agua tras el túnel, abrí la ventana. Al instante llegó a mi cara una brisa húmeda y relajante, llena de recuerdos. Echaba de menos ese olor, y se me notaba.
Nada más llegar, lo primero que hice fue subir arriba, me senté en la mecedora de mi abuela y me balanceé. Su sonrisa era una de las más bonitas que he visto en mi vida.Creo que la más bonita. Y pienso vengarme del puto cáncer que se la llevó.
Me fui a la habitación y escuché música, luego me bañé y sin ni siquiera cenar, me acosté; aquellas tres horas y media de viaje me habían dejado hecha un flan.
La mañana siguiente me desperté perfectamente, desayuné y bajé a dar un paseo con mi madre.
Me dijo que no iba a poder ver a mis amistades; en ese momento me derrumbé: ¿cinco años esperando este momento y me dejas así? Un día de estos me las vas a pagar.
Se rió, y yo me fui a casa corriendo.
Tras un rato, ella llegó a casa, y sin dirigirme ni una sola palabra, se puso a preparar la comida.
Después de descansar fuimos al centro Niemeyer, una maravilla de la arquitectura estaba en una ciudad industrial y marinera como aquella. Era casi imposible de creer.
Me gustó mucho, y después fuimos a la panadería en la que tantas veces había comprado yo el pan, olía como siempre.
Sí, sí... Al día siguiente nos marchamos de vuelta a casa.
Había sido la peor visita de mi vida, creo.
Aunque al menos tuve bonitos recuerdos.
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