miércoles, 13 de julio de 2011

Ella

Mi compañera, mi vida mi razón de ser, mi amiga, mi inspiración, mis sentimientos, mi amor, mi música, mi comida, mi bebida, mi droga, mi alcohol, mi madre, mi abuela, mi hija, mi mente, mi todo...
Mi guitarra.
Con la que paso mi tiempo libre, me divierto, aprendo, sufro, aguanto, practico, grito, desgarro, rompo, bailo, canto...
No hay una cosa que quiera más en el mundo excepto ella.
Sus notas, los chillidos que pega con las armónicas, las dulces melodías que haces pulsando unos simples trastes, afinando en distintos tonos, el esfuerzo que hacen a diario tus dedos... Realmente, merece la pena tener una de esas maravillas.
Esa sensación al cogerla, enchufarla al amplificador y empezar a tocar es única, me encanta, te vicia.
Las púas voladoras, se pierden y a los tres meses te las encuentras en el lugar menos esperado; yo sigo pensando que se mueven o algo.
Esas horas en la habitación tocando con ella no las puede superar nada ni nadie, porque el esfuerzo tiene su recompensa. Espero tenerla algún día, así que... Me esforzaré, más y más, por conseguir mi sueño.
Aquellas heridas en los dedos, no dolían, pero molestan; te sientes orgulloso de poder tenerlas, y decir: "¡Eh! Mira lo que me hice ayer tocando."
Las manos, manos de guitarrista. No todo el mundo puede llegar a tener las manos tan bonitas como las de un guitarrista de élite. Vamos, unas manos... Preciosas.
Los botones del amplificador... Ay... Cómo me lío con ellos, siempre han sido mi problema. Pero todo es cuestión de tiempo, y saber entender...
Por aquellos lágrimas que sólo yo entiendo, por el esfuerzo que se intenta superar día a día, por todo eso y más...


Te quiero guitarra.

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